Ha pasado ya un buen tiempo desde el domingo 21 de
setiembre de aquella polémica inauguración de las pistas y veredas en la
Ampliación Max Uhle, Víctor Chero Ramos, Lomas de Mamacona, Aplicación Las
Brisas y Villa Unión en Villa El Salvador, y los vecinos aún recuerdan el mal
sabor que dejó una obra ejecutada con más entusiasmo político que compromiso
técnico. En su momento, las denuncias sobre rampas mal diseñadas, veredas
inconclusas y buzones tapados revelaron la improvisación con que se había
manejado un proyecto que debía mejorar la calidad de vida de los vecinos, pero
que terminó convirtiéndose en símbolo de frustración y desconfianza.
La obra, valorizada en S/. 9,692,626.37 soles y
ejecutada por la empresa Inversiones Lumi E.I.R.L., debía culminar el 15 de
agosto de 2024, pero desde el inicio estuvo marcada por las irregularidades. La
municipalidad de Villa El Salvador priorizó la ceremonia de inauguración antes
que la supervisión de la calidad, mostrando una vez más cómo el afán por la
foto y el discurso puede pesar más que el bienestar ciudadano. Con el tiempo,
las quejas de los vecinos, encabezadas por exdirigentes como Kevin Quispe,
demostraron que las deficiencias detectadas no eran simples detalles, sino
errores estructurales que afectaban la seguridad y accesibilidad del espacio
público.
También quedó en evidencia una preocupante falta de
transparencia. Los vecinos señalaron la ausencia de paneles informativos y la
censura de comentarios críticos en las redes oficiales del municipio reflejaron
una gestión reacia a rendir cuentas. Esa actitud, más que proteger una imagen
institucional, profundizó el desencanto vecinal y debilitó la confianza en las
autoridades locales. Años después, el recuerdo de esas prácticas sigue siendo
una advertencia sobre cómo la opacidad y la improvisación deterioran no solo
las obras, sino también el vínculo entre la ciudadanía y el Estado.
Hoy, cuando otras obras se anuncian con similar
entusiasmo, la experiencia de Max Uhle, Víctor Chero Ramos, Lomas de Mamacona,
Aplicación Las Brisas y Villa Unión debería servir de lección. No basta con
cortar cintas ni llenar calles de cemento si el resultado no responde a las
verdaderas necesidades del vecindario. Se necesita una fiscalización técnica
constante, la participación activa de los vecinos y un compromiso real con la
transparencia. Solo así se podrá evitar que la historia se repita y que las
veredas de “galleta” sigan siendo testimonio del descuido y la indiferencia de
las gestiones municipales de turno.