VILLA EL BARRO PROMETIDO Y LAS OBRAS QUE NO SIRVEN

         

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 30 de junio de 2025 a las 08:07 a. m.
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Mientras las lluvias caen con fuerza sobre Villa El Salvador, la evidencia de una mala planificación urbana brota con la misma intensidad que el agua en las calles. Avenidas claves como 200 Millas, Central, Separadora Industrial y Juan Velasco Alvarado parecen más canales fluviales que vías urbanas, dejando en claro que las autoridades han preferido enfrentar el invierno con baldes y cisternas antes que con soluciones de fondo. En un distrito que ya conoce el dolor de la postergación, el agua acumulada no solo refleja un clima adverso, sino también una gestión ineficiente y miope.

A esta crisis estacional se suma una realidad cotidiana igual de preocupante: la precariedad de las obras públicas. Veredas irregulares, rampas peligrosas y pistas recién entregadas que ya están deterioradas son parte del paisaje urbano de un distrito que, paradójicamente, presume de obras inauguradas con bombos y platillos. La situación es tan absurda que muchos vecinos comparan las veredas con una pista de obstáculos, y no les falta razón: caminar por algunas zonas es un deporte de alto riesgo.

Más grave aún es el malgasto de recursos públicos. En el sector 3, grupo 15, se invirtieron más de 833 mil soles en mejoras peatonales y vehiculares que terminaron siendo nuevamente intervenidas poco después de su entrega. En lugar de facilitar la vida de los ciudadanos, estas obras mal ejecutadas generan frustración, pérdidas económicas y una sensación de abandono cada vez más profunda. Es como si la eficiencia fuera solo un concepto ajeno a la lógica de quienes gobiernan.

Villa El Salvador no necesita más promesas de campaña, necesita gestión con visión y compromiso real. Porque mientras las autoridades se jactan de cantidad, los vecinos viven la consecuencia de obras sin calidad. Y lo que hoy se llama Villa El Barro Prometido, podría convertirse mañana en símbolo nacional de cómo no se debe gobernar un distrito. La ciudadanía ya no quiere paliativos; exige dignidad, obras duraderas y un futuro sin barro.