La
frase “esta elección no es entre derecha e izquierda, sino entre orden y
desorden” suele usarse como una estrategia política y discursiva. Busca cambiar
el eje de la confrontación ideológico de estas elecciones hacia uno emocional y
moral: seguridad, estabilidad, miedo al caos o rechazo a la corrupción.
En
el caso peruano, esta narrativa aparece con fuerza cuando hay crisis política,
inseguridad, conflictividad social o desgaste de los partidos tradicionales. En
vez de discutir modelos económicos, desigualdad, derechos sociales o
concentración de poder, la confrontación se desplaza hacia preguntas como:
¿Quién
garantiza estabilidad? ¿Quién puede controlar el caos? ¿Quién representa
autoridad? ¿Quién evita la violencia o el colapso?
¿Qué
implica esa idea de “orden”?
El
concepto de “orden” suele asociarse a: autoridad fuerte, control social, crecimiento
económico, mano dura contra el crimen o la protesta, continuidad institucional.
Mientras
que “desorden” se usa para asociar al adversario con: crisis, improvisación,
radicalismo, protestas, incertidumbre económica, o incluso “enemigos internos”.
Históricamente,
muchos sectores conservadores y grupos de poder han utilizado esta dicotomía
para deslegitimar propuestas de cambio social o redistribución,
presentándolas como amenazas al “orden”.
¿Por
qué se evita hablar de derecha e izquierda?
Porque
“orden vs. desorden” funciona como una simplificación potente: quien se
presenta como “orden” aparece como racional y responsable; quien queda del lado
del “desorden” aparece como peligroso o incapaz.
Además:
algunos sectores de derecha prefieren presentarse como “técnicos” o “defensores
de la democracia”, no como derecha. Los medios y campañas políticas muchas
veces privilegian relatos emocionales antes que debates programáticos.
Pero
en realidad sí hay posiciones ideológicas
Aunque
se diga que “no es derecha ni izquierda”, detrás de las propuestas siempre
existen intereses, visiones de país y decisiones ideológicas.
Por
eso, muchos analistas consideran que la frase “orden vs. desorden” no elimina
la ideología, sino que la oculta detrás de un lenguaje aparentemente neutral.
En
el fondo, la discusión sigue siendo política e ideológica, aunque se presente
con otros nombres.
El
discurso del “orden” se usa contra movimientos sociales, contra protestas
regionales, contra propuestas constituyentes, o para justificar concentración
de poder y medidas autoritarias.
El
“orden” sin democracia sabemos que termina convirtiéndose en autoritarismo; Los
fujimoristas sostienen que sin orden no puede haber crecimiento ni
gobernabilidad. ¿Qué paso el año 1990, quien pago los costos del orden que
construyo Fujimori? Sabemos que los
trabajadores y trabajadoras; los más pobre y humildes. Por tanto si gana Keiko
Fujimori que oculta ser de la derecha conservadora, mercantilista y populista
se instalara un gobierno caracterizado por el autoritarismo mas rampante. Y si
gana Sánchez, se construirá el escenario para un gobierno de concertación que
es lo que necesita el pueblo peruano.