¿PODRÁN LOS CANDIDATOS CUMPLIR SUS PLANES DE GOBIERNO?

En Villa El Salvador, como en tantos rincones del país, la voz ciudadana vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: la confianza en la política está quebrada. Los vecinos no piden discursos rimbombantes ni promesas recicladas; exigen algo más básico y, al mismo tiempo, más urgente: que quien gane las elecciones cumpla lo ofrecido. Esa expectativa, sencilla en apariencia, revela una profunda decepción acumulada por años de anuncios incumplidos y gobiernos que no han estado a la altura de lo prometido.

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 05 de junio de 2026 a las 08:20 a. m.
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La preocupación por la seguridad ciudadana ocupa el primer lugar en ese reclamo. Vivir con miedo de salir de casa se ha convertido en una experiencia cotidiana para miles de peruanos, y eso no puede normalizarse. La demanda de más policías, mayor presencia del Estado y medidas firmes contra la delincuencia no es exagerada; es la expresión de una población cansada de sentirse desprotegida. Cuando la inseguridad domina la vida diaria, toda otra promesa pierde sentido si no comienza por garantizar el derecho elemental a vivir tranquilos.


Pero la conversación no se agota en la seguridad. También aparece con fuerza la necesidad de impulsar el empleo, respaldar a los emprendedores y ordenar la economía con una gestión seria y transparente. Los pequeños negocios, lejos de ser secundarios, son el motor silencioso de muchas familias y comunidades; apoyarlos significa apostar por el desarrollo real del país. Sin embargo, ese esfuerzo solo será sostenible si se enfrenta con decisión la corrupción, ese cáncer que desangra presupuestos, debilita instituciones y convierte cualquier plan de gobierno en una simple declaración de intenciones.

Por eso, el domingo 7 de junio se realizarán las elecciones de la segunda vuelta presidencial no debería entenderse como una competencia de nombres o etiquetas partidarias, sino como una prueba de credibilidad para quienes aspiran a gobernar. El Perú necesita autoridades menos preocupadas por la propaganda y más comprometidas con resultados concretos. Seguridad, empleo, economía y lucha contra la corrupción no son promesas decorativas: son condiciones indispensables para recuperar la esperanza ciudadana. Si la política no logra responder a esas urgencias, seguirá profundizando la desconfianza de un pueblo que ya no quiere oír más promesas, sino ver hechos.