El anuncio de elevar la Remuneración Mínima Vital a S/ 1.300 coloca nuevamente el ingreso de los trabajadores en el centro del debate nacional. Durante un recorrido por Villa El Salvador, los vecinos consultados coincidieron, en su mayoría, en que cualquier incremento resulta positivo frente al aumento del costo de vida, aunque algunos consideraron que el monto todavía es insuficiente para cubrir las necesidades de una familia. Las voces recogidas reflejan una realidad concreta: para muchos hogares, llegar a fin de mes implica priorizar alimentos, agua, electricidad y otros servicios básicos. El aumento, por tanto, puede significar un alivio, pero difícilmente resolverá por sí solo las dificultades económicas de los sectores más vulnerables.
El propio mensaje presidencial reconoce que mejorar los ingresos es uno de los motores para recuperar el bienestar de las familias. La propuesta contempla no solo elevar el sueldo mínimo a S/ 1.300, sino también otorgar un bono compensatorio por única vez a las micro y pequeñas empresas, con el objetivo de ayudarlas a afrontar el mayor costo laboral y favorecer la incorporación de trabajadores a la formalidad. Este punto resulta fundamental, porque el incremento salarial debe buscar un equilibrio entre mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores y evitar que las empresas más pequeñas reduzcan puestos de trabajo o permanezcan en la informalidad. El Gobierno también anunció la reactivación de PROMYPE, mayor acceso al crédito mediante COFIDE, el fortalecimiento de Compras MYPerú y el impulso del factoring como parte de una estrategia para fortalecer a las MYPE.
La discusión sobre el sueldo mínimo, sin embargo, no puede separarse del panorama social descrito en el propio mensaje presidencial. El documento señala que 3 de cada 10 peruanos no tienen certeza de contar diariamente con los alimentos necesarios, mientras que el 35 % de los niños de 6 a 35 meses padece anemia. Asimismo, identifica que más de 250.000 jóvenes de entre 14 y 24 años no encuentran empleo y que el desempleo juvenil bordea el 10 %, por lo que se plantea reducirlo a la mitad. A ello se suma una grave brecha de infraestructura: cerca del 50 % de los colegios se encuentra en mal estado y el 72 % de la Red Vial Departamental continúa sin pavimentar. Estos indicadores muestran que el problema del ingreso familiar no se resuelve únicamente aumentando una cifra en la boleta de pago; requiere empleo formal, servicios públicos eficientes, educación, infraestructura y una economía capaz de generar oportunidades sostenibles.
Por ello, el aumento a S/ 1.300 debe ser evaluado no solo por el monto anunciado, sino por sus resultados en la vida cotidiana de los trabajadores. Los vecinos de Villa El Salvador han expresado una expectativa clara: que el incremento permita enfrentar mejor los gastos de cada hogar y que las medidas económicas respondan realmente a quienes más lo necesitan. El reto del Gobierno será convertir este anuncio en una mejora efectiva del poder adquisitivo, sin sacrificar empleo ni aumentar la informalidad. Si el objetivo declarado es cerrar las brechas sociales y generar prosperidad inclusiva, el sueldo mínimo debe ser apenas una pieza de una política económica más amplia, capaz de combinar mejores salarios, empresas sostenibles, mayor productividad y más empleo formal. En última instancia, S/ 1.300 será una verdadera mejora solo si permite que las familias vivan mejor y no simplemente que reciban una cifra mayor al final del mes.