La muerte de Francis Marín Roque, de 33 años, conocido como “Gordo Frank”, durante un campeonato de fulbito en una losa deportiva del sector 9, grupo 3 ubicada en el cruce de la avenida Talara con Separadora Agroindustrial de Villa El Salvador, confirma una tragedia que ya no se limita a calles oscuras o zonas alejadas: la violencia ha irrumpido también en los espacios de convivencia vecinal. Que un sujeto ingresara al recinto, disparara y sembrara el pánico entre asistentes y participantes evidencia una grave pérdida de control sobre el orden público.
El hecho resulta aún más alarmante porque ocurrió en medio de una actividad deportiva, un entorno que debería representar integración y seguridad. La víctima fue trasladada de emergencia en mototaxi al Hospital de Emergencias de Villa El Salvador, pero llegó con heridas mortales. Ese desenlace no solo muestra la brutalidad del ataque, sino también la vulnerabilidad con la que hoy se vive en muchos barrios del país, donde una tarde de deporte puede terminar en luto.
Las voces de los vecinos reflejan una percepción unánime: no se sienten seguros. Hablan de extorsión, robos, asaltos y temor incluso al salir a trabajar o al regresar a casa. También recuerdan que antes existía mayor cercanía con el serenazgo y una vigilancia más visible, mientras que hoy, pese a algunos puestos de control, la sensación es la misma: la inseguridad sigue ganando terreno y el ciudadano sigue desprotegido.
Villa El Salvador exige una respuesta seria, no solo patrullaje ocasional ni promesas vacías. Lo ocurrido en el sector 9, grupo 3, es un llamado urgente a reforzar la seguridad ciudadana con presencia policial efectiva, prevención, inteligencia y coordinación real con las autoridades locales. Si el Estado y el gobierno local no recupera los barrios para la gente, la delincuencia seguirá imponiendo su ley en los lugares donde debería reinar la tranquilidad.