En el distrito de Villa El Salvador, el pulso ciudadano frente al debate presidencial revela una preocupante mezcla de apatía, desinformación y escepticismo. A pocos días de las elecciones, muchos vecinos admiten no haber seguido el debate o apenas haber visto fragmentos en redes sociales, lo que evidencia una desconexión entre la agenda política y la realidad cotidiana de la población. La pregunta sobre quién ganó el debate, más que generar posiciones claras, deja al descubierto una ciudadanía que aún no encuentra motivos para identificarse con alguna candidatura.
Detrás de esta indiferencia no hay desinterés gratuito, sino una crisis más profunda. Los testimonios recogidos reflejan que la prioridad de muchas familias está en la supervivencia diaria: el trabajo, la alimentación y la seguridad de sus hijos. En ese contexto, el debate político aparece como un espectáculo lejano, dominado por confrontaciones y promesas poco creíbles. La política, en lugar de ofrecer soluciones, se percibe como un espacio de disputa estéril que no responde a la urgencia de problemas como la delincuencia o la corrupción.
Asimismo, la percepción sobre los candidatos es mayoritariamente negativa o, en el mejor de los casos, incierta. Algunos ciudadanos mencionan propuestas aisladas —principalmente relacionadas con la lucha contra la corrupción—, pero reconocen no tener información suficiente para tomar una decisión informada. Incluso quienes intentan evaluar opciones coinciden en que el debate ha estado marcado más por enfrentamientos que por propuestas concretas, lo que debilita su valor como herramienta para orientar el voto.
Este escenario plantea un reto urgente para la democracia: reconstruir la confianza entre la ciudadanía y la política. No basta con organizar debates si estos no logran conectar con las preocupaciones reales de la gente ni ofrecer soluciones claras y viables. A medida que se acerca la jornada electoral, el desafío no solo recae en los votantes, sino, sobre todo, en los candidatos, quienes deben demostrar con propuestas serias y compromiso genuino que están a la altura de un país que exige orden, seguridad y un verdadero cambio.