EN EL PERÚ, CON FRECUENCIA SE PIDE EL VOTO DE CONFIANZA

El distrito de Villa El Salvador vuelve a convertirse en termómetro político del país. En medio de un nuevo cambio de mando, el presidente interino José María Balcázar, del partido político nacional Perú Libre, ha designado como presidenta del Consejo de Ministros a la exministra de Economía Denisse Miralles. Su primer gran reto será obtener el voto de confianza del Congreso de la República, en un escenario político marcado por la fragmentación y la desconfianza ciudadana. Más allá de los nombres, lo que está en juego es la posibilidad de otorgar un mínimo de estabilidad en los meses finales de un gobierno transitorio.

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 27 de febrero de 2026 a las 10:12 a. m.
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Las voces recogidas entre los vecinos reflejan un sentir que se repite en distintas regiones del país: cansancio, sospecha y una percepción de permanente confrontación entre Ejecutivo y Legislativo. Para muchos, el voto de confianza no depende solo de criterios técnicos o programáticos, sino de cálculos políticos y rivalidades partidarias. Se cuestiona la influencia de liderazgos opositores y se recuerda cómo anteriores presidentes fueron vacados o debilitados en medio de pugnas que poco tuvieron que ver con las urgencias sociales. En ese contexto, la democracia aparece ante los ojos de la ciudadanía como un sistema capturado por intereses particulares antes que orientado al bien común.


La incertidumbre política contrasta dramáticamente con las necesidades concretas del país. Mientras el Congreso debate si otorgar o no la confianza, regiones como Arequipa enfrentan emergencias y en Chosica los huaicos exigen respuestas inmediatas. La población percibe que el tiempo se diluye en peleas sin sentido mientras los problemas estructurales —reconstrucción, empleo, seguridad y servicios básicos— siguen esperando soluciones. Esa brecha entre la urgencia social y la agenda política alimenta la frustración y la sensación de abandono.


Sin embargo, entre la crítica también surge una necesaria autocrítica. Los propios ciudadanos reconocen su responsabilidad al elegir autoridades y demandan mayor rigor a los partidos en la selección de candidatos. Con las elecciones de 2026 en el horizonte, el llamado es claro: que los jóvenes y el electorado en general voten con mayor conciencia y memoria. Si el gabinete de Denisse Miralles obtiene finalmente la confianza, no será solo un trámite parlamentario, sino una última oportunidad para demostrar que la política aún puede responder a las demandas de la gente. De lo contrario, el desencanto seguirá creciendo y la democracia continuará debilitándose desde dentro.