La asunción de José María Balcázar Zelada como presidente interino del Perú no es un hecho aislado, sino un nuevo capítulo en la prolongada inestabilidad que atraviesa el país. A sus 83 años, el actual titular del Congreso ha llegado al Poder Ejecutivo en virtud del mecanismo de sucesión constitucional, tras la censura de su predecesor, José Jerí. Su juramentación el 18 de febrero confirma que, en el Perú, la transición presidencial ha dejado de ser una excepción para convertirse en una constante.
La trayectoria de Balcázar combina experiencia jurídica y militancia política. Abogado formado en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, con pasado como magistrado y catedrático, fue elegido congresista por Lambayeque para el periodo 2021-2026 bajo la bandera de Perú Libre. Desde la presidencia del Parlamento dio el paso automático para encargarse del Ejecutivo, un tránsito previsto por la Constitución, pero que en el contexto actual adquiere un significado más profundo: el de un sistema político que sobrevive gracias a sus mecanismos formales, aunque debilitado en su legitimidad.
El nuevo mandatario interino ha prometido transparencia en las próximas elecciones, lucha frontal contra la inseguridad ciudadana y la estabilidad económica. Son compromisos indispensables en una coyuntura donde la ciudadanía exige certezas. Sin embargo, su figura no está exenta de controversias. Declaraciones pasadas sobre el matrimonio infantil y denuncias vinculadas a su gestión en el Colegio de Abogados de Lambayeque —institución de la que fue expulsada— alimentan el escepticismo. En un escenario de alta desconfianza, la credibilidad no se proclama: se construye con hechos.
Desde 2016 hasta febrero de 2026, el Perú ha tenido ocho presidentes: Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y, brevemente, José Jerí y el actual José María Balcázar; Diez años, siete mandatarios. La cifra habla por sí sola. Renuncias, vacancias y censuras han convertido la política nacional en una sucesión de sobresaltos. La llegada de Balcázar no resolverá por sí misma la fragilidad del país, solo queda aguardar su acciones y si llega una propuesta de indulto, ¡oh espera! ya llegó la solicitud del abogados e Pedro Castillo.