LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA

El Perú atraviesa una encrucijada histórica. La violencia criminal desborda a las autoridades, instala el miedo en los barrios y erosiona la confianza ciudadana, mientras en el horizonte se aproxima un proceso electoral en el que más de 2,5 millones de jóvenes ejercerán su voto por primera vez. Esta coincidencia no es menor: inseguridad y desafección política conforman una mezcla peligrosa que amenaza con debilitar aún más los frágiles pilares democráticos del país. Pero en esa misma coyuntura crítica también se esconde una oportunidad: la posibilidad de que una nueva generación, tradicionalmente marginada de las decisiones públicas, asuma un rol protagónico en la reconstrucción democrática.

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 13 de febrero de 2026 a las 04:26 p. m.
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#Editorial #Democracia #Perú

La desconfianza juvenil hacia la política no es fruto del capricho ni de la apatía. Es el resultado de años de exclusión, de promesas incumplidas y de una educación cívica relegada a un segundo plano. Durante décadas, las instituciones cerraron espacios de participación real, mientras los partidos se alejaban de las demandas cotidianas de la ciudadanía. Así se gestó una generación sin referentes claros ni herramientas suficientes para incidir en la vida pública. En paralelo, el crimen organizó terreno fértil para expandirse, ocupando vacíos que el Estado dejó abiertos. Cuando la política se percibe como lejana o peligrosa, la democracia pierde sentido y legitimidad.

Frente a este panorama, apelar al voto joven como simple esrategia electoral resulta insuficiente e incluso irresponsable. Se requiere un compromiso auténtico con su formación, su seguridad y su liderazgo. Iniciativas como el evento “Sin derechos no hay democracia. Sin democracia no hay derechos”, que se realizará este viernes 13 de febrero en Villa El Salvador, representan un paso en esa dirección. La participación de voces como la de Glatzer Tuesta, junto a exposiciones fotográficas, feria cultural y presentaciones artísticas, demuestra que la política puede y debe convertirse en un espacio de encuentro ciudadano. Organizado con colectivos y organizaciones comprometidas con la seguridad y la justicia social, este esfuerzo busca encender una chispa de reflexión y acción colectiva.

La democracia no es una herencia garantizada, sino una construcción permanente que exige vigilancia y participación activa. Hoy, el Perú necesita que su juventud no solo acuda a las urnas, sino que piense críticamente, cuestione el poder, proponga alternativas y asuma responsabilidades. El desafío es inmenso, pero también lo es el potencial transformador de una generación que aún no ha dicho su última palabra. Escucharla, abrirle espacios reales y caminar junto a ella no es una concesión: es una condición indispensable para recuperar la esperanza en un país más justo, libre y en paz.