El avance de la variante K del virus de la influenza A (H3N2) en Europa y Estados Unidos vuelve a encender una alerta sanitaria que el Perú no puede ignorar. Aunque hasta el momento no se han confirmado casos de este subclado en el país, la experiencia internacional demuestra que la rapidez de propagación y la saturación hospitalaria pueden convertirse en un escenario real si no se actúa con previsión. La vigilancia epidemiológica es clave, pero no suficiente si no va acompañada de información clara y medidas preventivas sostenidas.
Las autoridades sanitarias han insistido en transmitir calma, y con razón: no existe evidencia de que la variante K sea más grave que otras de la misma familia. Sin embargo, la tranquilidad no debe confundirse con pasividad. El hecho de que se trate de una variante frente a la cual gran parte de la población no tiene memoria inmunológica exige reforzar la prevención, especialmente en un contexto de reuniones sociales y viajes internacionales propios de fin de año. Asimismo, De acuerdo con los datos de la Sala Situacional del Ministerio de Salud, el Perú acumula 609 casos confirmados de influenza A (H3N2) hasta la semana epidemiológica 49, que se extiende hasta el 6 de diciembre, una cifra que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias.
La vacunación emerge como el pilar fundamental para reducir el impacto de la influenza, sobre todo en los grupos más vulnerables: niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. A ello se suman medidas ya conocidas, pero a menudo relegadas, como el uso de mascarilla ante síntomas respiratorios, el lavado frecuente de manos y la responsabilidad individual de no acudir a centros laborales o educativos estando enfermo. Estas acciones, simples pero efectivas, pueden marcar la diferencia entre un brote controlado y una crisis sanitaria.
El Perú aún está a tiempo de anticiparse. El clima actual puede limitar la propagación del virus, pero no garantiza inmunidad frente a lo que ocurre en otras latitudes. La vigilancia constante, la vacunación oportuna y una ciudadanía informada y responsable deben ser la respuesta frente a esta amenaza latente. La historia reciente ha demostrado que subestimar los avisos tempranos puede salir caro; aprender de ello es hoy una obligación colectiva.