EL PARO NACIONAL QUE PONE EN JAQUE AL GOBIERNO

        

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 15 de octubre de 2025 a las 09:09 a. m.
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La vacancia de Dina Boluarte y la asunción de José Jerí a la Presidencia de la República no han logrado calmar el descontento ciudadano ni detener la convocatoria a un paro nacional programado para el 15 de octubre. Lejos de representar un cambio de rumbo, la sucesión política parece haber reforzado el sentimiento de frustración e incredulidad de amplios sectores sociales que perciben en la clase dirigente una continuidad de las mismas prácticas que han deteriorado la confianza en las instituciones.

El nuevo mandatario ha iniciado reuniones con distintos actores sociales en un intento por contener las tensiones y ofrecer respuestas a las demandas más urgentes. Sin embargo, los gestos de diálogo llegan en un contexto de creciente oposición política, en el que amplios sectores de la población, especialmente los jóvenes, ya no se sienten representados por ninguna autoridad. Las protestas, más que un rechazo puntual a una figura, evidencian una crisis estructural de legitimidad que ningún cambio de nombres puede resolver si no se acompaña de reformas profundas.

 

La convocatoria al paro nacional está encabezada por colectivos juveniles y estudiantiles que conforman el llamado “Bloque Universitario”. Este movimiento, conformado principalmente por jóvenes menores de 28 años, ha trascendido su demanda inicial sobre el sistema previsional para convertirse en una expresión de hartazgo ante la corrupción, la precariedad institucional y la falta de oportunidades. Su mensaje es claro: el país necesita una nueva manera de hacer política, una que escuche, represente y responda a la ciudadanía.

El Gobierno de José Jerí enfrenta, por tanto, una prueba decisiva. Si opta por la indiferencia o la represión, solo profundizará el desencuentro entre el Estado y la sociedad. En cambio, si reconoce el sentido histórico de estas movilizaciones y abre espacios genuinos de diálogo y reforma, podría iniciar el difícil camino hacia la reconstrucción de la confianza nacional. El reto no es solo gobernar en medio de la protesta, sino transformar la protesta en una oportunidad para refundar la política peruana.