EL VIAJE DEL TERROR

                  

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 22 de septiembre de 2025 a las 10:03 a. m.
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La balacera contra un paradero de transporte en Villa El Salvador, que obligó a los conductores de la empresa Santa Catalina a suspender sus labores por miedo a morir, es un episodio más de la escalada de violencia que golpea a los distritos de Lima. El ataque, acompañado de un mensaje de muerte, no es solo una advertencia contra un grupo de trabajadores, sino un recordatorio brutal de la impunidad con la que operan las mafias de extorsión en el país. La seguridad ciudadana vuelve a mostrarse como una promesa incumplida.

Lo más alarmante es el impacto inmediato sobre la vida de los transportistas y sus familias. Trabajar bajo amenaza se ha convertido en la rutina de muchos choferes que, día tras día, se enfrentan a la disyuntiva de llevar un ingreso a casa o arriesgar la vida en cada jornada. La frase de un conductor —“cambiar un pan por una bala”— sintetiza con crudeza la vulnerabilidad en la que se encuentran cientos de trabajadores del transporte urbano, atrapados entre la necesidad económica y la violencia criminal.

A ello se suma la lenta respuesta de las autoridades. Los vecinos denunciaron que, pese a la cercanía de la comisaría, la Policía tardó más de 40 minutos en llegar tras el atentado. Esta demora refleja no solo deficiencias operativas, sino una falta de estrategia frente a un fenómeno que ya no son hechos aislados, sino parte de un sistema de criminalidad organizado y cada vez más enraizado. La instalación de subcentrales de vigilancia no basta si no existe un trabajo articulado de inteligencia y prevención.

La estadística es contundente: solo en 2025, las mafias de extorsión han dejado 27 muertos y más de 30 atentados. Frente a esta realidad, se requiere una respuesta de Estado firme y sostenida, que incluya la persecución de las redes criminales, la protección efectiva a los trabajadores y el fortalecimiento del sistema de justicia. De lo contrario, la violencia seguirá avanzando hasta normalizarse, y con ella, la sensación de vivir en un país donde el miedo manda y la vida vale menos que el dinero de un “cupo”.