Desde que llegó al santuario, Elizabeth Zúñiga descubrió un lugar de paz, naturaleza viva y memoria ancestral que trata de mostrar a cada visitante.
Con el florecimiento de las lomas de Pachacamac, llega una temporada alta de turismo que moviliza a la comunidad, según Elizabeth Zúñiga, orientadora. “La flor de Amancay tiene una temporada muy corta de vida, pero la estación de invierno es una estación que genera muchos recursos en la zona, porque vienen ciclistas, vienen a hacer una variedad de deportes”, cuenta. Además, familias y visitantes recorren sus zonas arqueológicas y compran productos frescos de la zona.
“Las actividades que se generan es la venta de las frutas, la venta de las gallinas, la pintura, los huevos (porque son huevos de corral), las ferias gastronómicas… Todo lo que tiene que ver con alimentación saludable también: vegetales libres de pesticidas”, detalla. Los visitantes también encuentran platos típicos en restaurantes. “Se van alegres, se van pensando de que deberían de estar protegidas todas las lomas y con el cuidado que nosotros tenemos en las lomas de Amancay”, indica Zúñiga.
"Gracias a esta asociación, la Asociación Unacem, se le da un trato muy especial, muy delicado lo que es el medio ambiente, ¿no? Y lo que es la protección a la flor de Amancay", comenta. “Desde que llegué al santuario vi un un lugar libre de todo daño que pueda causar el ser humano. El contacto con la naturaleza, con la flora, con la fauna, el silencio, la paz que te puede transmitir y la armonía que encuentras al caminar tú en ese lugar es muy hermoso. Aparte del contacto con la naturaleza, es el contacto y ver cómo vivieron nuestros antepasados. Algo que se está perdiendo en otros lugares”, concluye.
Fuente: Lima Conecta