El crecimiento del PBI en el primer trimestre de
2025, con un sólido 4 % interanual, ofrece un respiro optimista para una
economía que venía arrastrando incertidumbres. Sectores clave como la minería,
la pesca y la construcción han mostrado dinamismo, mientras que la inversión
pública alcanzó cifras históricas. Sin embargo, esta prosperidad debe
entenderse como una oportunidad, no como un punto de llegada. Porque detrás del
crecimiento macroeconómico aún persiste una realidad microeconómica frágil: más
de 10 millones de peruanos están a un paso de volver a la pobreza.
El riesgo es claro. Si el crecimiento no se sostiene —y más aún, si no se vuelve inclusivo—, los avances logrados hasta ahora podrían revertirse con rapidez. Las cifras muestran mejoras en la pobreza monetaria, pero también revelan profundas desigualdades. El campo sigue siendo el territorio olvidado, donde la pobreza extrema resiste y los beneficios del crecimiento no llegan con la misma fuerza que en las ciudades. La leve mejora rural contrasta con una significativa reducción en zonas urbanas, revelando una brecha territorial que la política económica aún no ha cerrado.
Además, no todas las regiones siguen la misma ruta.
Mientras Ayacucho, Huancavelica o Junín destacan por mejoras palpables, otras
como Cajamarca o Arequipa retroceden, arrastradas por su dependencia a sectores
volátiles. Esto demuestra que el crecimiento necesita estar acompañado por una
estrategia de desarrollo territorial equilibrado, que incluya conectividad,
infraestructura y políticas sociales focalizadas. Sin ello, las cifras
nacionales ocultan realidades regionales dispares que pueden desembocar en
frustración y desigualdad.
El desafío para lo que resta del año es claro: consolidar el crecimiento con políticas que prioricen a los más vulnerables. La inversión pública debe dejar de ser una promesa de cifras y convertirse en obras tangibles que mejoren la calidad de vida. No basta con crecer, se debe crecer con dirección. La lucha contra la pobreza no se gana con indicadores mensuales, sino con un modelo económico que convierta el crecimiento en equidad, y las estadísticas en oportunidades reales para todos los peruanos.