En los últimos meses, la atención de las peruanas y peruanos se ha enfocado en las problemáticas más llamativas de la sociedad peruana, entre ellas la inseguridad ciudadana, no obstante un tema peculiar y que es de mayor interés, es la economía. No es un misterio que los ciudadanos de este país hacen prácticamente magia para realizar los pagos correspondientes y de la misma forma, llegar a fin de mes con un par de monedas en los bolsillos. Actualmente esa situación podría empeorar y golpear a todos.
La reciente revisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las perspectivas económicas globales refleja una vez más el complejo entorno que enfrenta el Perú. La proyección de crecimiento económico del país para este año ha sido ajustada a la baja, situándose en 2.8%, lejos del 3.3% estimado en enero y aún más del optimismo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que prevé un 4% para 2025.
En el contexto sudamericano, Perú mantiene una posición intermedia. Aunque supera a economías como la venezolana, boliviana o ecuatoriana, queda rezagado frente a Argentina y Paraguay. Esta situación debería invitar a una reflexión seria sobre los motores de crecimiento interno y la capacidad del país para capitalizar sus fortalezas, en especial en un entorno marcado por la incertidumbre electoral y los vaivenes del comercio global.
El MEF, por su parte, basa su confianza en el avance de las Asociaciones Público-Privadas (APP), la desregulación y la mejora de los indicadores laborales. Si bien estos son elementos clave para dinamizar la economía, su efectividad dependerá de la capacidad del Estado para ejecutar proyectos con eficiencia, generar confianza entre los inversionistas y garantizar estabilidad institucional.
Por último, no se puede ignorar el impacto global de la prolongada guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuyas repercusiones siguen afectando la economía mundial y, por ende, a economías emergentes como la peruana. El crecimiento global reducido a 2.8% para 2025 y una leve mejora al 3% en 2026 son señales de alerta sobre el nuevo orden económico mundial. ¡A guardar pan para mayo!