Las
encuestas han comenzado a realizarse en relación con la segunda vuelta
electoral. La encuestadora Ipsos llevó a cabo un sondeo en el que planteó la
siguiente pregunta: “¿Por quién votaría en la segunda vuelta si los candidatos
fuesen Roberto Sánchez, por Juntos por el Perú, y Keiko Fujimori, por Fuerza
Popular?”.
Los
resultados muestran un empate técnico, ya que ambos candidatos alcanzan el 38%
de intención de voto. Por otro lado, un 17% de los encuestados optaría por
votar en blanco o viciado, mientras que un 7% no precisa su elección.
Asimismo,
el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) también realizó una encuesta en la que
se evidencia una mínima diferencia entre ambos candidatos: Sánchez obtiene el
32% de intención de voto, mientras que Fujimori alcanza el 31%. En este caso,
los votos en blanco o nulos representan el 24%, y el 13% de los encuestados no
precisa su respuesta.
De la
misma forma, el pulso ciudadano en Villa El Salvador vuelve a evidenciar la
diversidad de opiniones que caracteriza a Lima Sur frente a un eventual
escenario electoral. En un recorrido por sus calles, vecinos y vecinas
expresaron sus posturas ante la posibilidad de una segunda vuelta entre Keiko
Fujimori de Fuerza Popular y Roberto Sánchez de Juntos por el Perú. Más allá de
una simple preferencia, las respuestas reflejan memorias, expectativas y
también desencantos profundamente arraigados en la población.
Por un
lado, hay quienes respaldan a Keiko Fujimori apelando a la gestión de su padre,
destacando obras sociales y apoyo educativo. Este sector vincula su voto con
una percepción de estabilidad y resultados tangibles en el pasado. Sin embargo,
estas opiniones no están exentas de controversia, pues también evocan un
periodo político que sigue generando divisiones en la sociedad peruana.
En
contraste, otros vecinos apuestan por Roberto Sánchez como una alternativa de
cambio, asociándolo con una representación más cercana al “pueblo”. Para estos
ciudadanos, su candidatura simboliza una esperanza frente a lo que consideran
una continuidad política que no los ha beneficiado. Asimismo, se escucharon
posturas de rechazo absoluto hacia una de las opciones, así como posiciones de
desapego total hacia ambas candidaturas, reflejando un clima de desconfianza y
cansancio político.
Este breve
ejercicio ciudadano deja en evidencia que el electorado no es homogéneo y que
las decisiones de voto están atravesadas por experiencias personales,
percepciones históricas y aspiraciones de futuro. De cara a un eventual proceso
electoral en 2026, el desafío para los candidatos será no solo convencer, sino
también reconectar con una ciudadanía que exige respuestas concretas y una
representación más auténtica.