El país se encamina hacia las elecciones presidenciales del 12 de abril en un escenario marcado por la incertidumbre y la desorientación ciudadana. A pocas semanas de la jornada electoral, una parte importante de la población aún no sabe por quién votar, no por apatía, sino porque la amplia cantidad de candidatos y la falta de información clara dificultan la toma de decisiones en un sistema que muchos perciben como vulnerable.
Este clima se refleja en los últimos datos de opinión pública. Según la encuesta de Ipsos, el voto blanco, viciado o por ninguno alcanza cerca del 30%, mientras que un 14% de los encuestados no precisa su elección. En un escenario hipotético de votación inmediata, Keiko Fujimori concentra el 12% de las preferencias, seguida por Rafael López Aliaga y Carlos Álvarez con el 4% cada uno, mientras que Hernando de Soto, Francisco Sagasti y Aníbal Torres registran el 3%.
Más allá de los porcentajes, lo que queda en evidencia es la fragmentación del electorado y el desgaste de la clase política. En el contacto cotidiano con la ciudadanía, se repite una constante: muchas personas reconocen no tener una decisión tomada porque no logran identificar diferencias claras entre los postulantes. A ello se suma la preocupación por un sistema electoral percibido como frágil, en el que la desinformación y la falta de controles efectivos aumentan la desconfianza.
A 68 días del 12 de Abril, la indecisión ciudadana debe entenderse como una advertencia. Hoy existen dos prioridades ineludibles: combatir la delincuencia, una de las principales demandas sociales, y garantizar que la transparencia del proceso electoral se haga realidad. Elegir con información y reflexión es clave para fortalecer la democracia. Los partidos políticos, las autoridades electorales y los medios de comunicación tienen la responsabilidad de contribuir a un proceso limpio y confiable que permita a los ciudadanos decidir con conciencia quiénes serán el presidente y vicepresidente de la República, así como sus representantes al Congreso y al Parlamento Andino, decisiones que marcarán el rumbo del país.