PROTESTAS, RENUNCIAS Y UN PAÍS EN BÚSQUEDA DE RUMBO

          

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 13 de octubre de 2025 a las 08:16 a. m.
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El Perú atraviesa un momento decisivo en medio de una doble coyuntura: el anuncio de un paro nacional que refleja el hartazgo ciudadano ante la inseguridad y la corrupción, y el inicio de un nuevo ciclo político marcado por las renuncias de autoridades que buscan postular a las elecciones de 2026. Ambos hechos, aunque distintos, están conectados por un mismo hilo: la profunda desconfianza hacia la clase política y la urgente necesidad de reconstruir la relación entre el Estado y la sociedad. El reciente cambio de gobierno, tras la vacancia de Dina Boluarte y la asunción de José Jerí, no ha logrado disipar la sensación de vacío institucional ni la falta de liderazgo en la conducción del país.

El paro nacional convocado para el 15 de octubre es, en esencia, una respuesta social ante un Estado que no ha sabido ofrecer seguridad ni esperanza. Los jóvenes universitarios, los sindicatos y los gremios de transporte se han unido en una causa común: exigir acciones concretas frente al avance del crimen organizado, el desempleo y la corrupción. La violencia, reflejada en casos como el ataque armado contra la orquesta Agua Marina o los asesinatos de conductores en Lima y Callao, ha convertido el miedo en un sentimiento cotidiano. Mientras tanto, las autoridades parecen más preocupadas por los tiempos electorales que por resolver los problemas que desangran al país.

Y es precisamente en medio de esta tensión social que el Jurado Nacional de Elecciones recuerda a ministros, alcaldes y gobernadores que deben renunciar hasta el 13 de octubre si aspiran a postular en 2026. La medida, que busca garantizar transparencia y equidad, evidencia también un panorama político en movimiento, donde muchos funcionarios parecen más interesados en asegurar su futuro electoral que en cumplir con los compromisos asumidos ante la ciudadanía. La falta de anuncios concretos de renuncia, pese al inminente cierre del plazo, demuestra una vez más la distancia entre la clase dirigente y el clamor popular.

El país se encuentra, así, en una encrucijada. Mientras las calles se preparan para protestar, los despachos oficiales se llenan de cálculos políticos y estrategias electorales. Perú necesita más que promesas o reformas formales: requiere una dirigencia capaz de escuchar, actuar y recuperar la confianza perdida. Si las protestas del 15 de octubre logran algo, debería ser recordarles a quienes aspiran a gobernar que el poder no se sostiene en cargos ni en leyes, sino en la legitimidad que otorga el pueblo cuando siente que, por fin, alguien lo representa.