¿QUÉ SIGUE DESPUÉS DEL PARO DE TRANSPORTISTAS?

        

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 03 de octubre de 2025 a las 09:27 a. m.
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El paro de transportistas vivido en Villa El Salvador y en los diferentes distritos de la capital no solo paralizó el tránsito habitual, sino que dejó al descubierto una realidad más compleja y preocupante: la convivencia diaria entre la necesidad de movilizarse y el miedo latente a la delincuencia. La jornada en el Óvalo María Reiche, punto central de conexión hacia Lurín y Villa María del Triunfo, se convirtió en una muestra palpable de cómo la ciudadanía se ve atrapada entre la precariedad del servicio y la violencia que golpea al gremio transportista.


El reclamo de los choferes es legítimo. No se trata únicamente de condiciones laborales, sino de la vida misma frente a las extorsiones y ataques que sufren a manos del crimen organizado. El Estado no puede permanecer como un mero espectador ante este escenario. La protesta, aunque necesaria como mecanismo de presión, terminó afectando a miles de pasajeros que se vieron forzados a esperar largas horas o a pagar tarifas elevadas para llegar a sus destinos. El respaldo ciudadano existe, pero no puede sostenerse indefinidamente si el costo recae siempre en los más vulnerables.

La imagen de combis abarrotadas, pasajeros desesperados y vecinos aguardando más de una hora por un vehículo refleja la fragilidad del sistema de transporte público en Lima Sur. A ello se suma el temor expresado por los propios usuarios, quienes reconocen que incluso en condiciones normales el viaje cotidiano está marcado por la inseguridad. Esta doble carga —la falta de unidades y el riesgo delictivo— convierte cada trayecto en una incertidumbre, lo que revela la urgencia de una política pública integral que garantice movilidad y seguridad a la vez.


La presencia policial, aunque necesaria, solo resuelve la coyuntura. El verdadero reto recae en la capacidad del Gobierno para responder con firmeza a las mafias que extorsionan al transporte y en implementar soluciones sostenibles para los ciudadanos. El paro de transportistas nos recuerda que el problema no es solo la falta de combis en las calles, sino la ausencia de un Estado que garantice seguridad, orden y dignidad en el transporte público. Mientras ello no ocurra, cada medida de fuerza será también un reflejo del miedo que domina la vida urbana.