ENTRE VEREDAS DE GALLETAS Y UNA INSEGURIDAD QUE DA MIEDO

                     

Categoria : Editorial
Fecha de publicacion : 17 de septiembre de 2025 a las 09:31 a. m.
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El anuncio de la inauguración de las obras viales en la Ampliación Max Uhle, prevista para este miércoles 17 de septiembre a las 3 de la tarde, ha despertado indignación entre los vecinos de Villa El Salvador. A pesar de que el proyecto, denominado “Creación del servicio de movilidad urbana en el proyecto integral de las zonas de Ampliación Max Uhle, Víctor Chero Ramos y Lomas de Mamacona”, según el Portal de Transparencia de la Municipalidad del distrito inició el 2 de noviembre de 2023 y culminó el 15 de agosto de 2025 con un costo actualizado de S/. 9,692,626.37, las pistas y veredas ya presentan serias deficiencias. ¿Cómo justificar una inauguración con obras inconclusas o mal ejecutadas, cuando se trata de recursos públicos que deberían traducirse en desarrollo y seguridad para la comunidad?

Este malestar ciudadano se suma a un contexto aún más sombrío: la violencia extorsiva que ha convertido a Villa El Salvador en escenario de crímenes que estremecen al país. El asesinato del mototaxista César González Tataje, de 40 años, por negarse a pagar S/. 5.00 a una mafia, es la muestra más cruel de un sistema donde la vida de un trabajador vale menos que una moneda. Su muerte no solo enluta a una familia, sino que desnuda la impunidad con la que operan las bandas, mientras el Estado permanece en deuda con quienes deberían gozar de protección mínima para ganarse el sustento.

El contraste es doloroso: mientras se inauguran pistas que se desmoronan antes de tiempo, los transportistas enfrentan a diario la amenaza de las balas por no pagar extorsiones. La falta de obras públicas de calidad y la inseguridad que carcome las calles son dos caras de una misma realidad: la precariedad de un Estado que ni garantiza servicios básicos ni protege a los ciudadanos de la violencia. La desidia y la corrupción en la ejecución de proyectos se vuelven, así, tan letales como las armas de los criminales.

Es hora de un quiebre. El distrito no puede aceptar obras mediocres ni resignarse a la dictadura del miedo. Villa El Salvador simboliza hoy esa doble herida: inversión millonaria que no se traduce en bienestar y una ola de violencia que convierte la vida en un riesgo permanente. El gobierno local debe asumir con urgencia la responsabilidad de garantizar transparencia en las obras públicas y firmeza frente al crimen organizado. Solo así se recuperará la confianza de los vecinos y se evitará que la indignación se transforme en resignación.