El caos vehicular en Villa El Salvador no es solo un
problema de congestión, sino una amenaza constante para la seguridad de sus
habitantes, especialmente de los más vulnerables: escolares y adultos mayores.
La falta de semáforos y rompemuelles en cruces estratégicos, como la
intersección de José Carlos Mariátegui con Mariano Pastor Sevilla, convierte el
tránsito diario en una ruleta rusa donde peatones y conductores se exponen a
accidentes que podrían evitarse con medidas básicas de señalización. Resulta alarmante
que este reclamo ciudadano se arrastre durante años sin respuesta efectiva por
parte de las autoridades.
La situación se vuelve aún más crítica por la cercanía de colegios como la institución Educativa 7091 República de Perú y mercados como Juan Velasco Alvarado, espacios de alta concentración de personas que deberían contar con mayores garantías de seguridad vial. Padres de familia y transportistas coinciden en que cada día es una lucha por cruzar la pista sin exponerse al peligro. Los atropellos recientes son una prueba dolorosa de que la omisión municipal tiene consecuencias directas y, en muchos casos, irreversibles. La prevención no debería esperar a nuevas tragedias para convertirse en prioridad.
Otros puntos del distrito, como la avenida María
Elena Moyano, evidencian que este no es un problema aislado, sino una
deficiencia estructural en la gestión del tránsito local. La falta de semáforos
se suma al deterioro de los rompemuelles, generando escenarios donde los choques
y atropellos son frecuentes. Cada accidente representa no solo una estadística,
sino una vida truncada y una familia afectada. La pasividad de las autoridades
frente a esta realidad resulta injustificable.
Los vecinos de Villa El Salvador han alzado la voz, en calles y redes sociales, exigiendo un plan urgente de seguridad vial. Su reclamo no es un capricho, sino una necesidad impostergable. La Municipalidad debe escuchar y actuar: instalar semáforos, reparar rompemuelles y mejorar la señalización no son lujos, sino obligaciones mínimas para proteger la vida de miles de ciudadanos. Ignorar este llamado sería condenar al distrito a seguir acumulando víctimas en esquinas que pudieron ser seguras.