En Villa El Salvador, el drama de las largas demoras para acceder a una cita médica golpea con mayor crudeza a los adultos mayores. Ellos, que muchas veces dependen del seguro social por sus pensiones reducidas y sus múltiples dolencias, son los primeros en sentir el peso de un sistema que responde tarde y mal. La dificultad no radica en la calidad profesional de los médicos, sino en la imposibilidad de recibir atención a tiempo, lo que agrava enfermedades que, tratadas con oportunidad, podrían tener un mejor pronóstico.
Los testimonios recogidos muestran que los tiempos de espera pueden llegar a los seis meses o más, una espera inaceptable para quienes viven con padecimientos crónicos propios de la edad. Los adultos mayores, además, enfrentan el dilema de acudir a un centro privado —con un costo que no siempre pueden asumir— o resignarse a que sus males avancen mientras esperan la llamada de un hospital público. En ese escenario, la salud se convierte en un privilegio y no en el derecho fundamental que la Constitución consagra.
El sistema administrativo, que obliga a madrugar desde la madrugada para obtener un turno, representa una carga doblemente injusta para los mayores. A la fragilidad física se suma la exposición a colas interminables, al frío o al calor, en una lucha diaria por ser atendidos. Lejos de protegerlos, el sistema los expone y los empuja a una dinámica desgastante que pone en riesgo su bienestar. Resulta contradictorio que quienes han contribuido durante décadas con su trabajo y aportes, hoy deban padecer un trato que los margina en su etapa más vulnerable.
Por ello, el reclamo de los vecinos de Villa El Salvador debe ser escuchado con urgencia. Mejorar la rapidez en la programación de citas y garantizar el acceso a medicamentos de calidad es, sobre todo, una deuda pendiente con los adultos mayores. No se trata únicamente de optimizar procesos, sino de reconocer en la práctica que envejecer con dignidad incluye la certeza de recibir atención médica oportuna. La voz ciudadana clama por un cambio real: que el derecho a la salud deje de ser una espera interminable y se convierta en un acto inmediato de justicia para quienes más lo necesitan.