La
inseguridad ciudadana ha vuelto a golpear con fuerza en Villa El Salvador. Dos
violentos asaltos en una pizzería ubicada la avenida Los Álamos y una brosteria
que se encuentra en José Carlos Mariátegui, ambos establecimientos en cruce con
José Carlos Mariátegui, registrados en cuestión de días, han puesto en
evidencia la fragilidad con la que vecinos, comerciantes y hasta niños
enfrentan el incremento de la delincuencia en Lima. En ambos casos, sujetos
armados y encapuchados sometieron a trabajadores y clientes, dejando un saldo
de pérdidas materiales, pero sobre todo de miedo y trauma en las víctimas.
Lo más alarmante es la crudeza de las escenas. En uno de los hechos, un niño de apenas ocho años imploró a los delincuentes que no lo maten, ofreciéndoles las pocas monedas que tenía en la mano. Esa súplica, captada en video, no solo retrata la vulnerabilidad de los menores ante la violencia urbana, sino también el nivel de deshumanización con el que operan los criminales. Ningún ciudadano debería verse reducido a la desesperación de entregar sus escasos recursos a cambio de conservar la vida.
Estos episodios reflejan una problemática que se extiende por toda la capital. El aumento de robos y asaltos en los últimos años no solo afecta el patrimonio, sino que ha instalado en la población una sensación de indefensión permanente. Comer en un restaurante, atender un negocio o simplemente transitar por la calle se ha convertido en un acto de riesgo. La seguridad, que debería ser un derecho garantizado por el Estado, hoy se percibe como un privilegio cada vez más lejano.
Las autoridades han prometido investigar los hechos y dar con los responsables. Sin embargo, la urgencia exige más que reacciones posteriores: se necesita prevención, fortalecimiento de la presencia policial, políticas de seguridad integrales y, sobre todo, una mirada especial hacia la protección de la niñez. El caso del niño de Villa El Salvador debe ser una llamada de atención contundente: no podemos normalizar que los más vulnerables crezcan rodeados de violencia y miedo. La sociedad exige acciones inmediatas para recuperar la paz en las calles.