En Villa El Salvador, la situación en algunos
establecimientos de salud refleja de manera cruda las fallas estructurales del
sistema de salud pública. Los pacientes denuncian que conseguir una cita médica
se ha convertido en una verdadera odisea: deben amanecer en las colas o incluso
pasar la noche a la intemperie, solo para enfrentar la frustración de que los
turnos se agotan con rapidez. Esta precariedad no solo atenta contra la
dignidad de los asegurados, sino que demuestra la incapacidad de EsSalud para
responder a la creciente demanda en un distrito con alta densidad poblacional.
El testimonio de pacientes como el señor Rueda
Huamán, quien tras un accidente solo recibió un analgésico y nunca logró un
seguimiento médico, pone en evidencia la gravedad del problema. Lo mismo ocurre
con adultos mayores que, a pesar de condiciones delicadas, deben esperar
semanas para una cita. Estas historias no son casos aislados, sino parte de una
crisis cotidiana que convierte al derecho a la salud en un privilegio al que
solo accede quien tiene suerte o recursos para pagar clínicas privadas.
La carencia de especialistas, la desorganización administrativa y la falta de medicamentos son factores que configuran un escenario de colapso. Los reclamos de los pacientes van más allá de pedir atención médica: exigen humanidad en el trato, prioridad para adultos mayores y enfermos graves, así como un sistema que no los obligue a elegir entre la espera interminable o el endeudamiento en el sector privado. La desatención, además, no solo compromete la salud física, sino también la salud mental de quienes viven con incertidumbre y angustia.
Urge que las autoridades de EsSalud y el Ministerio de Salud dejen de mirar a otro lado y atiendan este problema con medidas concretas. Incrementar el número de especialistas, mejorar la gestión hospitalaria y garantizar la entrega de medicamentos no son promesas opcionales, sino obligaciones impostergables. La crisis en los centros salud no es un hecho aislado: es el reflejo de un sistema que, en lugar de servir a los más vulnerables, los condena a la espera y a la indiferencia.