El sueño de un tren entre Lima y Chosica volvió a estrellarse contra la pared de la política. La disputa pública llegó al límite cuando el ministro de Transporte y Comunicaciones César Sandoval llamó “agresivo y ordinario” al alcalde Rafael López Aliaga, acusándolo de impulsar un proyecto improvisado, sin estudios ni garantías mínimas de seguridad.
El sueño de un tren entre Lima y Chosica volvió a estrellarse contra la pared de la política. La disputa pública llegó al límite cuando el ministro de Transporte y Comunicaciones César Sandoval llamó “agresivo y ordinario” al alcalde Rafael López Aliaga, acusándolo de impulsar un proyecto improvisado, sin estudios ni garantías mínimas de seguridad. Mientras tanto, López Aliaga se aferra a la idea de que los trenes donados por Caltrain están listos para rodar, aunque falte casi todo lo necesario para que sea viable.
El conflicto gira en torno a estos trenes donados por la empresa estadounidense, que la Municipalidad asegura valen más de 200 millones de dólares tras un peritaje. López Aliaga los presentó con fanfarria como la solución definitiva al caos de Lima Este, prometiendo que pronto estarían en funcionamiento. Pero el Ministerio de Transportes sostiene que no hay un solo plan serio para paraderos, doble vía, estaciones o cruces seguros, mientras acusa al alcalde de hacer pura propaganda sin sustento.
El MTC no se quedó en palabras suaves. Emitió un comunicado donde lamenta el tono confrontacional del alcalde y niega poner trabas por gusto, afirmando que su obligación es garantizar la seguridad. Criticaron además la improvisación de López Aliaga por cambiar su discurso de una marcha blanca a vacía y luego a una futura licitación. También dejaron caer un argumento demoledor al recordar que los trenes tienen 40 años encima y distan mucho de ser una solución moderna.
Por su parte, López Aliaga respondió con su estilo habitual desde redes sociales. Usó ironías y comparaciones agresivas, preguntando con desdén si alguien se siente seguro y llamando “ASCO” a la gestión de seguridad del Ministerio. También denunció supuestas “trabas” comparándolas con la permisividad hacia colectivos informales y buses repletos de papeletas. Incluso pidió apoyo directo a la presidenta Dina Boluarte y al premier Adrianzén, acusando al ministro Sandoval de frenar la obra por pura politiquería.
Mientras ambos lados se enfrascan en dardos y acusaciones, el tren sigue detenido. Esta promesa de progreso vuelve a hundirse entre intereses cruzados, anuncios grandilocuentes y la ausencia total de un plan real. Lima Este sigue esperando una solución que nunca llega, atrapados entre el tráfico infernal y la costumbre de vender humo en vez de políticas serias.