El cambio del comandante general de la Policía Nacional abre nuevamente el debate sobre cómo se está enfrentando la inseguridad en nuestro país. Reemplazar a una autoridad puede ser una decisión necesaria, pero difícilmente será suficiente cuando la delincuencia, la extorsión y la violencia continúan creciendo y afectando la tranquilidad de millones de peruanos. El problema no tiene un solo responsable ni se solucionará únicamente cambiando a quien dirige la institución.
Las cifras y los hechos recientes demuestran que la ciudadanía necesita mucho más que anuncios y cambios de nombres. Mientras se habla de reducción de denuncias, la extorsión continúa golpeando a transportistas, comerciantes y familias. Y mientras se anuncian medidas como buses blindados, surge una pregunta preocupante: ¿estamos atacando realmente a los delincuentes o simplemente buscando nuevas formas de protegernos de sus ataques?.
En Villa El Salvador conocemos muy bien esta realidad. Los recientes casos relacionados con sicariato, extorsión y violencia demuestran que nuestros vecinos siguen expuestos a una inseguridad que no desaparece con el cambio de una autoridad. Las opiniones recogidas en nuestras calles reflejan precisamente esa preocupación: muchos consideran que el problema requiere cambios más profundos y una verdadera reestructuración dentro de la institución policial.
Cambiar al comandante general puede ser el inicio de una nueva estrategia, pero no puede convertirse en una simple medida política o paliativa. Lo que necesitamos son acciones concretas: fortalecer la inteligencia policial, mejorar la investigación criminal, combatir las redes de extorsión y recuperar la confianza ciudadana. Porque la inseguridad no se resolverá cambiando solamente a la cabeza: hay que combatir todo aquello que permite que la delincuencia siga creciendo.