La seguridad ciudadana continúa siendo una de las principales deudas del Estado con la población. En Villa El Salvador, el sentir de los vecinos es contundente: existe preocupación, desconfianza y una sensación de desprotección frente al avance de la delincuencia. Lo más revelador de esta consulta es que varios ciudadanos ni siquiera conocen al actual ministro del Interior, César Astudillo, ni identifican cambios concretos durante su primer mes de gestión. Para una autoridad cuya principal responsabilidad es enfrentar la inseguridad, este desconocimiento debería encender una señal de alarma.
Las opiniones recogidas en las calles muestran una realidad compleja. Algunos vecinos aseguran que no han sido víctimas de robos recientemente, pero otros relatan intentos de asalto y reclaman mayor vigilancia. La demanda más repetida es concreta: más presencia policial en los grupos residenciales, zonas comerciales y sectores de mayor concurrencia. Aunque los ciudadanos reconocen el trabajo de los agentes municipales, consideran que la presencia del serenazgo no puede reemplazar la labor de la Policía Nacional, institución que debería garantizar una respuesta efectiva frente al delito.
Más preocupante aún es la pérdida de confianza en la Policía. Algunos vecinos expresan abiertamente su descontento y cuestionan la capacidad de los agentes para cumplir su función de proteger a la población. Otros mencionan la corrupción como una de las razones por las que ya no confían en la institución y llegan al extremo de señalar que, ante un problema, prefieren resolverlo por sus propios medios o escapar antes que recurrir a la autoridad. Cuando un ciudadano deja de confiar en la Policía, no solo se deteriora una institución: también se debilita la capacidad del Estado para combatir el crimen.
El problema no puede ser minimizado. Villa El Salvador ha registrado cuatro casos vinculados con hechos criminales en las últimas semanas, una cifra que explica, en parte, la preocupación expresada por sus vecinos. La población no está pidiendo discursos ni anuncios, sino resultados visibles: patrullaje permanente, inteligencia policial, prevención y una respuesta rápida frente a los delitos. El nuevo ministro del Interior tiene, por tanto, el desafío de demostrar que su gestión puede traducirse en mayor seguridad en las calles y recuperar una confianza que hoy parece seriamente debilitada.