Villa El Salvador no solo debe preocuparse por cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, sino por las condiciones en las que encontrará a su población. El distrito está considerado una zona de alto riesgo sísmico, principalmente por las características de su suelo arenoso y por la presencia de sectores vulnerables como Lomo de Corvina, donde miles de viviendas se encuentran asentadas sobre terrenos inestables. A ello se suma un dato especialmente preocupante: más del 70% de las viviendas del distrito habrían sido construidas de manera informal, sin la suficiente asesoría técnica ni criterios adecuados de seguridad estructural.
El problema se agrava por la posibilidad de fenómenos como la licuefacción del suelo, que durante un terremoto de gran intensidad puede hacer que terrenos arenosos pierdan estabilidad y capacidad de soporte. En Lomo de Corvina, además, las viviendas ubicadas en pendientes enfrentan riesgos adicionales de deslizamientos y colapsos. Estos factores convierten a la prevención en una obligación y no en una opción. No basta con pedirle a la población que mantenga la calma: también es necesario revisar las condiciones de las viviendas, identificar estructuras vulnerables y fortalecer las acciones de fiscalización y orientación técnica.
Sin embargo, el recorrido realizado por las calles de Villa El Salvador deja una señal alentadora, aunque todavía insuficiente. Algunos vecinos saben que deben ubicarse en zonas estructuralmente seguras, dirigirse posteriormente a parques, espacios abiertos o avenidas amplias, y cuentan con mochilas de emergencia. Incluso una familia señaló tener dos mochilas, una para cada piso de su vivienda. Pero también aparecieron respuestas preocupantes: vecinos que reconocen no estar bien informados, hogares sin mochila de emergencia y personas que no tienen claramente identificada una zona segura. La preparación, por tanto, sigue siendo desigual.
Villa El Salvador necesita pasar de la preocupación a la acción. Las autoridades deben intensificar la educación preventiva, promover evaluaciones estructurales y atender prioritariamente a las zonas más vulnerables, mientras que cada familia debe asumir su propia responsabilidad: identificar rutas de evacuación, establecer puntos de encuentro, preparar una mochila de emergencia y conocer cómo actuar durante un movimiento sísmico. Un terremoto no distingue entre una vivienda preparada y otra improvisada. La diferencia estará en cuánto hayamos hecho antes de que llegue. En Villa El Salvador, prevenir hoy puede significar salvar vidas mañana.