Con el 100% de actas procesadas y más de 1,500 actas enviadas al Jurado Electoral Especial (JEE), el escenario electoral peruano ingresó a su tramo final a la espera de que se resuelvan las observaciones presentadas en los últimos días.
Con el 100% de actas procesadas y más de 1,500 actas enviadas al Jurado Electoral Especial (JEE), el escenario electoral peruano ingresó a su tramo final a la espera de que se resuelvan las observaciones presentadas en los últimos días. Así lo explicó el historiador y analista político Julio Marroquín, en una entrevista concedida al programa ´Crítica´, donde señaló que el cierre oficial del proceso podría tomar “un par de semanas” o, como máximo, tres.
Marroquín sostuvo que los JEE, distribuidos en las distintas circunscripciones del país, vienen evaluando casos vinculados a errores aritméticos, fallas formales y otras observaciones que podrían definir al ganador o ganadora de la contienda. Según dijo, las proyecciones preliminares favorecerían a Keiko Fujimori, aunque remarcó que todavía quedan pendientes de revisión los cuestionamientos presentados por ambos sectores.
El analista también consideró normal que los partidos políticos interpongan pedidos de nulidad u observación de actas, aunque advirtió que la magnitud de las solicitudes actuales es inusual. En su opinión, el volumen de pedidos presentados por Fuerza Popular y Juntos por el Perú evidencia un intento de influir en la elección en mesa, pero también revela el alto costo económico que implica este tipo de recursos, sobre todo cuando se trata de cientos o miles de actas.
Consultado sobre el margen final de la elección, Marroquín afirmó que, gane quien gane, el país quedará profundamente dividido. Recordó que una parte importante del electorado no votó y que, entre quienes sí lo hicieron, el respaldo se encuentra prácticamente partido en dos, lo que —según dijo— dejará a la próxima gestión con un nivel de legitimidad y confianza muy bajo.
En ese contexto, advirtió que el nuevo gobierno no podrá sostenerse en solitario y necesitará acuerdos con al menos uno o dos partidos políticos para garantizar estabilidad en el Congreso. A su juicio, ello obligará a negociar programas, ministerios y prioridades, lo que podría beneficiar a unas regiones más que a otras, en función de las alianzas que se formen en las próximas semanas.
Finalmente, al referirse a un eventual gobierno de Roberto Sánchez o de Keiko Fujimori, Marroquín señaló que ambos enfrentarían retos similares: la necesidad de construir consensos y responder a una ciudadanía fragmentada. En el caso de Fujimori, advirtió que sería una “prueba de fuego” para el fujimorismo, porque deberá demostrar si puede cumplir las expectativas de sus votantes y sostener una base política capaz de gobernar con estabilidad.