En los exteriores de Villa El Salvador, la voz de la ciudadanía revela una preocupación que va más allá de la simple elección de autoridades: evidencia un sistema electoral que, lejos de facilitar la participación, parece complejizarla innecesariamente. De cara a los comicios del 12 de abril, muchos votantes aún no comprenden con claridad cuántos representantes deben elegir ni cómo ejercer correctamente su voto. La existencia de múltiples listas —presidente, senadores nacionales y regionales, diputados y parlamento andino— refleja una estructura amplia, pero también una sobrecarga informativa que no ha sido debidamente explicada a la población.
Esta falta de claridad no es un asunto menor. La democracia no solo se sostiene en el acto de votar, sino en la capacidad de hacerlo de manera informada. Sin embargo, los testimonios recogidos muestran confusión, dudas e incluso desconocimiento total. Personas que no saben por cuántos candidatos votar o cómo marcar correctamente una cédula ponen en evidencia una grave falencia en la educación cívica. Resulta preocupante que, a pocos días del proceso electoral, no se haya logrado instruir adecuadamente a la ciudadanía sobre un mecanismo tan fundamental.
A ello se suma la complejidad logística del proceso. La gran cantidad de candidatos —más de 50 en algunos casos— y el diseño de las cédulas generan dificultades adicionales, especialmente para adultos mayores o personas con problemas de visión. La sugerencia informal de llevar una “regla” para marcar correctamente refleja hasta qué punto el sistema puede volverse inaccesible. Además, errores comunes como dividir números al votar invalidan sufragios, lo que pone en riesgo la correcta representación de la voluntad popular.
Frente a este panorama, el reto no solo recae en los votantes, sino principalmente en las autoridades electorales y en los actores políticos. Es imprescindible simplificar los procesos, fortalecer la capacitación ciudadana y garantizar que todos comprendan cómo ejercer su derecho al voto. La democracia no puede permitirse elecciones confusas ni excluyentes. Si se busca elegir representantes capaces de enfrentar problemas urgentes como la inseguridad, la salud o la educación, el primer paso debe ser asegurar que cada ciudadano pueda votar con claridad, confianza y plena conciencia de su decisión.