Con solo 2.76 m² de vegetación por habitante, la capital peruana se ubica como la ciudad menos verde de Sudamérica, afectando la salud y la regulación térmica urbana.
Lima enfrenta una crisis de infraestructura natural al contar con apenas 2.76 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, una cifra significativamente menor a los 9 m² recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente, la capital peruana necesita la plantación urgente de 2.5 millones de árboles para alcanzar el estándar saludable de un ejemplar por cada tres personas; sin embargo, los reportes oficiales indican que la ciudad aún no llega al millón de árboles. Esta carencia no solo afecta el paisaje, sino que impacta directamente en la calidad del aire y la mitigación de las islas de calor en distritos periféricos como Villa María del Triunfo y Pucusana, donde la cobertura vegetal no alcanza ni el metro cuadrado por ciudadano.
La gestión de estos espacios públicos enfrenta desafíos de presupuesto y sostenibilidad hídrica. Mariana Alegre, directora de Lima Cómo Vamos, señaló que el mantenimiento de parques es costoso para los distritos con menor recaudación, lo que profundiza la desigualdad urbana. Una alternativa planteada por especialistas es el uso de aguas grises tratadas para el riego y la sustitución de césped tradicional por plantas nativas que demanden menos recursos. Sobre la necesidad de pasar a la acción técnica, Alegre destacó: “Es necesario buscar soluciones para gestionar y promover acciones urbanas que ofrezcan espacios públicos y naturales para la ciudadanía”.
A nivel regional, Lima muestra un rezago alarmante frente a ciudades como Bogotá o Caracas, que poseen hasta un 33 % y 48 % de espacios verdes, respectivamente, frente al escaso 4 % de la capital peruana. El incumplimiento de la Ley de Gestión y Protección de Espacios Públicos permite que proyectos de infraestructura sigan priorizando el cemento sobre la arborización, perdiendo servicios ecosistémicos vitales. Fátima Contreras, especialista de la SPDA, advirtió que la reposición de árboles talados suele ser insuficiente o meramente formal. Respecto a la mejora de la calidad de vida, Alegre concluyó: “Genera un valor al entorno y eso se refleja en una mejora en los indicadores de calidad de vida”.
Fuente: La República