La falta de jóvenes en el campo amenaza la productividad de la agricultura familiar y pone en riesgo la seguridad alimentaria del país, advierte Redes.
El campo se está quedando sin manos jóvenes. Así lo alerta Gustavo Meza, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes), quien advierte que la agricultura nacional enfrenta un problema crítico de relevo generacional. Mientras la fuerza laboral del sector envejece, cada vez menos jóvenes están dispuestos a trabajar en actividades agrícolas, especialmente en la agricultura familiar, que representa más del 95 % de las unidades de producción agropecuaria en el Perú.
El envejecimiento del agro se ha acelerado en las últimas dos décadas: en 2004, solo el 18 % de los trabajadores rurales tenía más de 55 años; para 2024, alcanzó el 26 %, lo que significa que uno de cada cuatro agricultores peruanos ya supera esa edad, comprometiendo la sostenibilidad del sector. Al respecto, Meza destaca que esta situación se agrava por los efectos del cambio climático: “la agricultura familiar es altamente vulnerable, por lo que es urgente invertir en adaptación, manejo eficiente del agua y semillas más resistentes”.
Según estudios internacionales, las labores agrícolas suelen estar asociadas a ingresos bajos, condiciones duras y poca protección social, factores que desincentivan a los jóvenes. A esto se suma una percepción negativa del trabajo en el campo, vinculada —de manera injusta— con menor modernidad frente a actividades urbanas más tecnológicas.
Para revertir esta tendencia, Meza sostiene que se necesita una respuesta estatal integral y sostenida; invertir en infraestructura de riego, caminos rurales y servicios de asistencia técnica; y promover la formación de jóvenes en carreras vinculadas al agro. También subraya que cualquier estrategia debe incorporar una mirada ambiental, pues el sector necesita “semillas más resistentes, que aseguren la productividad y la calidad de los cultivos”. Sin estas medidas, advierte, la agricultura familiar no podrá ser rentable ni competitiva.
Fuente: El Comercio