“Hemos llenado las aulas, pero no hemos asegurado el aprendizaje”, advierte economista de Redes, y señala que la baja calidad educativa frena la productividad, el empleo y la democracia.
El analfabetismo funcional no es una cifra más en las estadísticas: es una emergencia nacional y silenciosa que condiciona la viabilidad del Perú como república, advierte Mónica Muñoz-Nájar, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes). Aunque el país logró ampliar la cobertura escolar, más del 60 % de adultos apenas comprende textos sencillos, según la OCDE, lo que refleja la magnitud de la crisis educativa.
El impacto trasciende las aulas y golpea a la economía. El Banco Mundial estima que un niño peruano nacido hoy será, en promedio, solo un 61 % tan productivo como podría serlo si tuviera acceso a educación y salud de calidad. Para Muñoz-Nájar, esta brecha evidencia que el Perú difícilmente podrá generar empleos de calidad ni sostener un crecimiento basado en innovación sin mejorar el aprendizaje real.
La especialista de Redes también alerta sobre las consecuencias cívicas. “Cuando el sistema educativo falla en proveer herramientas universales de lectura y razonamiento matemático, limita la capacidad de ejercer una ciudadanía plena”, sostiene. Sin competencias básicas, la población enfrenta mayores riesgos de manipulación y desigualdad en la participación democrática.
Aun así, Muñoz-Nájar destaca que hay espacio para el optimismo. Experiencias exitosas en colegios públicos muestran que los resultados en lectura y matemáticas podrían duplicarse si se replican buenas prácticas. El reto, subraya, es convertir esas experiencias en políticas escalables que sitúen la calidad del aprendizaje en el centro de la agenda nacional.
Fuente: La República